zina

domingo 29 de noviembre de 2009

Hasta que la muerte nos separe


Hay que reconocer que algunos personajes de la vida pública española son una fuente inagotable de motivos para reflexionar. No esta en mi intención esta semana el cotilleo, la realeza o los medios de comunicación, pero la ciudadana Elena de Borbón me ha sugerido un buen punto de partida.
Llamados a ser, como somos los españoles, los reyes del eufemismo, esta semana se conocía que la mayor de las hijas del rey había “puesto punto final a la transitoriedad del cese de su convivencia con Álvaro de Marichalar”. Vamos que se ha divorciado, que la Casa Real también podía ser consciente que en tiempos de crisis es bueno ahorrar, hasta en palabras.
En una sociedad que aspira a la igualdad entre géneros y que presume del buen yantar tocante a libertades, tampoco es noticia. Es más, resulta incomprensible que en una sociedad abierta y plural alguien se escandalice por que una mujer ejerza un derecho que ya estaba escrito en el Código Civil Napoleónico, hace doscientos años. Ni siquiera vale apelar al buen ejemplo que deben dar los miembros de la familia real, como máxima institución del estado, porque acometer un divorcio, en las condiciones de aparente normalidad en que se ha desarrollado este, es un buen ejemplo de normalidad democrática, en la que todos, de arriba a abajo, ejercen sus derechos sin mayores alharacas. Porque si no, parece que criticamos por rancia una institución a la que criticamos cunado no lo es.
Pero el tema es otro. A mi me ha inquietado en este caso el porque, no el que. Varios medios de comunicación han recogido y divulgado esta semana que el motivo de la ruptura definitiva estaba en la enfermedad de duque de Lugo, a lo que parece, insoportable para ella, no tanto por su debilitado estado, sino por el inconfesable motivo que le ha conducido a él.
La verdad es que no sabría muy bien por donde empezar a criticar. Porque según parece este fue un matrimonio poco basado en el amor, y mucho en encontrar compañía a una mujer sola y escasamente desarrollada en lo afectivo y en lo intelectual. Quizá Marichalar fue entendido por la Casa Real, no por ella, como un enfermero, como el perro guía de los ciegos. Luego ella espabilo, es un decir, aprendió a moverse en sociedad y hasta alguien la convenció de que era un icono de la moda. En esa metamorfosis, y en sus nuevos círculos de amigos no parece que tuviera mucha cabida ese excéntrico ejemplo de la cultura soriana, familia incluida. Luego la cosa se complicó con el accidente del duque, que limitó su participación en los saraos propios de esta clase social (Baqueira y salidas nocturnas incluidas) y la acentuación de su carácter extravagante, en la moda, las amistades y el sexo. El perro guía ya no hace falta, es más, desentona con el decorado, así que se abandona. Eso, no el divorcio, si que es un mal ejemplo. Abandonar a tu marido, a tu compañero, porque esta fofo y enfermo no es compatible con una sociedad que ha hecho de la sostenibilidad y la dependencia sus estrellas polares. A mi me parece poco ético, tan poco ético como dar a entender, a través de tus amigos, periodistas afines y suelta bulos de turno, que los males de tu marido están asociados a ciertos consumos inadecuados, como ofreciendo argumentos irrefutables de que aquellos compromisos de fidelidad y amor que un día juraste ante Dios se han roto, pero por él. Abandonar a alguien no se si será malo, pero cargarle el muerto es cruel.
Y aquí viene, para mí, el aspecto más grave de esta historia. Una de las guerras más hipócritas que mantiene en este momento nuestro país es la guerra contra la droga. Hemos llegado a una situación de tolerancia abierta en el consumo de ciertas sustancias de manera generalizada e irreflexiva. Se sabe, se consiente, se admite, y hasta en ciertos niveles se toma como un elemento necesario del paisaje el uso de determinadas drogas, que facilitan relaciones sociales desinhibidas, despreocupadas, superficiales y envueltas en una felicidad artificial, despreocupada. Raro es que una noche de fin de semana no entres en algún local en el que el humo y el olor no delate que las chinas corren de manera olímpica. Raro es no ver en alguna de las esquinas más céntricas de Santander a chavalucos de quince pasando bolsitas de maría. Raro es no ver echar unas caladas en una playa de la ciudad, estos días, junto a tu tabla clavada en la arena, o en los vestuarios de algunos deportes base. Raro, muy raro es, no ver el trasiego y el éxtasis de quienes lo fuman a las puertas de las facultades de letras del Campus de las Llamas.
Hoy hablar de drogas sigue siendo como mentar a la bicha, los poderes públicos declaran su guerra total y la gente de la calle lo considera un mal atroz que se debe erradicar, porque en su mente aparece el heroinómano llagado y sin control de sus esfínteres que las películas nos muestran en un decorado de una casa en ruinas. Pero de esa imagen hemos sacado hace tiempo al cannabis, la maría y el hachis. Que la gente salga de marcha, tome unas copas, se mame y se fume no es algo raro, pero es que tampoco es ya inadmisible. De hecho hasta creamos lugares públicos y acotados preparados para ello. Y lo entiendo, es razonable, un joven fumado, más en estos tiempos de crisis, es más inofensivo. Luego vendrán las secuelas. Chicos normales de pronto desatan patologías neuróticas, esquizoides, síndromes de falta de atención o hiperactividad y dificultades de relación social. Procesos en muchos casos larvados, que nunca hubieran aparecido pero que los porros y las hormonas han desencadenado, como una enzima cualquiera de nuestro cuerpo desencadena de forma irreversible una reacción química.
Ahora la alta sociedad madrileña nos enseña la cruda realidad del problema. Cuando lo tomas eres guay, pero cuando maría te jode por dentro cesa la convivencia. Y es que la droga es como el matrimonio de antes, hasta que la muerte nos separe.

domingo 22 de noviembre de 2009

Puedes pegarme, soy mujer y solo tengo 16


Hasta ahora todos habíamos entendido que la violencia y la violación de los derechos de una persona eran transgresiones absolutas, abyectas y rechazables en todo tipo de circunstancia o proveniente de todo tipo de personas. Incluso hasta ahora todos habíamos entendido que podían existir, ante ese hecho tan despreciable, agravantes que lo hicieran aun más repugnante. Pues ahora hemos descubierto que no, que eso de maltratar a una mujer es malo, depende, que hay eximentes y que, por ejemplo, si la persona maltratada es una menor, no pasa nada, porque, según la audiencia de Santander, en esas edades no hay relaciones estables, sino simples ensayos, y ya se sabe, en los entrenamientos puede haber golpes sin importancia, como en el futbol. Y a esas edades no hay proyecto de futuro, como mucho un casquete.
La lumbreras que ha firmado semejante hazaña de la jurisprudencia no es otra que Paz Aldecoa, juez ponente de esta sentencia en el juzgado de lo penal numero 2 de Santander, que ha sancionado con 60 euros y seis meses de alejamiento a J. M. G. L., un angelito que se dedico a amenazar, coaccionar y acariciar a una vecina nuestra. Pero nada más, violencia de género no hubo, que va.
La señora Aldecoa, de la que hasta ahora yo tenia un alto concepto, y el resto de compis, han basado su decisión en el artículo 173 del Código Penal, que es el que define y delimita el delito de violencia de género, y que se aplica a todo hombre ( es un decir, porque poco hombre se puede ser si se maltrata a una mujer) que comete delito sobre "quien sea o haya sido su esposa o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia". Y aquí esta el quid de la cuestión, en la interpretación de la frase "análoga relación de afectividad".
Una de las virtudes de los jueces no es su capacidad para acumular conocimientos y leyes, sino su sabiduría, su capacidad para interpretar las situaciones, para aplicar el espíritu de la ley, la intención última de la sociedad y sus representantes para solucionar un problema cuyos múltiples aspectos, es evidente, no se pueden reflejar en la letra de la ley. Pues no, los de Cantabria o son muy progres, o muy zotes o tienen la sensibilidad social en los glúteos.
Ya sabemos que toda mujer debe ser protegida, pero quizá, solo quizá, unas más que otras. Y uno de esos grupos de mayor riesgo es el de nosotras las más jóvenes. Porque una chica de 16 tiene menos capacidad de discernimiento y más de atontamiento que una mujer de 40, y porque en esos años, y yo creo que aquí esta la clave, es donde se crean los pilares de las relaciones sociales posteriores, los cimientos de los comportamientos, que como el caso del fulano este, deben erradicarse como mala hierba desde el principio.
Pues no, para la audiencia de nuestra región, los protagonistas de nuestra historia no estaban juntos para constituir una pareja estable, cosa que se puede entender entre adultos, pero no en gente escolarizada. Así que si una chica es mayor y te acercas a ella para casarte de blanco, ni la toques, pero como lleve mochila, como si la matas, total, en el futuro no la querías “pa na”, que más da. No eran pareja, no existía ese formalismo, era un simple enamoramiento pasajero, dice la juez, nada serio, así que las amenazas y vejaciones tampoco debían ir en serio.

No se si el chapucero que hizo la ley dejo un cabo suelto muy gordo, o los jueces de Cantabria son incapaces de comprender la trascendencia de una decisión que abre la veda a una actitud de desprecio a la mujer, desde los inicios de toda relación social. Fijaros que en este caso estamos hablando de una niña de 13 años, que comienza a salir con un tío con el que luego corta, y como este no quiere, y entiende, cosa que los jueces no, que ella es su posesión, reclama el derecho de pernada. La intimida en el centro donde estudia, la grita e insulta en público, amenaza a sus amigos, la roba el móvil, la tira al suelo y la arrastra por la calzada. Pero como era un tonteo entre chavales, como el no había pedido su mano todavía...
Osea que estamos vinculando los derechos de las personas al estado civil. Pues yo mañana me voy a la audiencia y me meo en la toga del juez. No pasa nada, yo no le había pedido que saliésemos juntos todavía. Y, además, yo estoy escolarizada, no tengo proyectos de futuro, menos con él, claro.
Es un país curioso el nuestro. Si tienes 16 puedes abortar, sin contar con nadie, y esa es una decisión de futuro, pero si un lila se lía a ostias contigo, no pasa nada, es cosa de crios. En que quedamos, ¿que somos con 16?.
Somos lo que interese. Un ejemplo es Dinamarca donde la organización no gubernamental Born og Unge I Voldsramte familier, que se dedica a la defensa de los derechos de mujeres menores de edad, cosa que la audiencia de Santander no hace, ha denunciado la venta de un video juego denominado Hitthebitch (pega a la zorra), una de cuyas propuestas es dar de bofetadas a una adolescente atractiva, hasta que la tires al suelo o la hagas sangrar, mientras, claro la insultas. El papel de ella es provocarte empinándote el tercer dedo y, claro, el tío que va a hacer, sacar su lado masculino y liarse a palos con ella.
Gracias a nuestra audiencia, los jóvenes de Santander ya no necesitan pagar una pasta para comprar el juego, o jugársela con la SGAE bajándole de internet, puedes abofetear a tu novia en Cañadio, que no pasa nada, cosa de crios.

domingo 15 de noviembre de 2009

Chic@ para todo


En España lo más parecido a una navaja suiza es un enfermero. O un maestro, o un conductor de autobús o un … La tendencia a que un profesional haga en su puesto de trabajo no solo aquello para lo que esta preparado, sino cualquier cosa que se tercie esta muy extendida. Y hay veces que puede, no se, carecer de importancia, si eres contable y tienes que arreglar la conexión de tu ordenador. Pero a veces ese pluriempleo es peligroso, si además de conducir un autobús debes vigilar al pasaje y darles bolsa de mareo con una mano, mientras sujetas el volante con la otra. Arriesgado, si eres profesor, y además de enseñar matemáticas debes ser psicólogo. O ser causa penal, si siendo enfermero haces, que es lo cotidiano, lo que no debes. El tema salio a la palestra con la enfermera de Rayan, aquella chica que provocó, o tuvo que ver, con la muerte de un niño en Madrid este verano, por hacer tareas en una unidad de intensivos, para la que se estaba formando, pero para las que aun no estaba preparada. Luego se ha vuelto a reabrir cuando varias asociaciones de padres y enfermos han reclamado que los profesores y maestros deben asumir la tarea de vigilar, atender y prestar atención a sus hijos diabéticos. Y ahora por una posible huelga de enfermería, en la administración de vacunas. Todos entendemos que hay una cosa que se llama humanidad, y que ante una situación extrema o comprometida hay que actuar. No me imagino, porque habría de ser muy cabrón, que un profesor no atiende a una alumna con un ataque de hipoglucemia. O un autobusero que pase viendo en su autobús como un grupo de adolescentes pegan a otro (bueno eso ha ocurrido, apuntar a otro en la lista de cabrones titulados). Pero aquí no hablamos de una situación sorpresiva, sino de la rutina diaria. Los titulados en enfermería (entre los cuales me incluiré en tres años, si Dios quiere) estamos capacitados y autorizados, para poner en practica, resumiendo, las decisiones de un médico. No para tomar nosotros esas decisiones. ¿Y eso porque?. Porque lo dice la ley, y porque nuestra preparación va enfocada a eso. En una circunstancia excepcional, tomaremos iniciativas, como lo haría cualquiera, con la ventaja de una formación más específica que cualquier ciudadano. Pero siempre en riesgo.
Granada, año 2007, un ciudadano cae a plomo en medio de una calle victima de un infarto. Un viandante, a la sazón enfermero, le atiende en la vía pública, le da un masaje ante el paro que sufre, y le salva la vida, coste, dos costillas rotas y una fisura en la pleura, de la cual se recuperó. El ciudadano demanda al enfermero por lesiones. 4.500 € de multa al contado. De eso hablamos.
Ahora el tema se plantea no con uno, sino con miles de ciudadanos. Cada vez que un paciente entra por la puerta de un consultorio, el enfermero-era debe valorar si el paciente esta en condiciones de recibir el fármaco, así a pelo, a ojo. Que no tenga fiebre, que no presente indicios de otra patología, que no sea alérgico… Te puedes equivocar, como cualquier otro profesional sanitario. La pega es que el médico se equivoca en el ejercicio de una función que le compete, nosotros nos equivocamos haciendo algo que ya de entrada, no debemos hacer, estamos tomando una decisión a la que la ley no nos autoriza, y por eso, podemos incurrir en un delito. Más grave aun que ese que deriva de poner inyecciones de medicamentos o vacunas prescritas por un médico, pero que no cubre la seguridad social, caso de la de la meningitis en algunas comunidades, y que paga el paciente. ¿Y si se te rompe la vacuna, que vale además una pasta?, la pagas tu, la seguridad social no, porque la estas poniendo por tu cuenta, la ley no te autoriza.
Todo este tipo de circunstancias derivan de una doble intención. Crea un vacío legal en el que la administración se salva, porque el trabajo se hace, pero ella carece de responsabilidad, que deriva en el trabajador. Y una reducción de costes, derivados de una mayor formación de esos profesional y de una remuneración acorde a unas funciones superiores y que están acompañadas de mayor responsabilidad. Vamos, que cobra menos un albañil que un arquitecto, y si el albañil pudiera firmar proyectos y planos, mejor, más barato, aunque se caiga la casa.
La situación hasta aquí planteada apunte a que se va a complicar. La puesta en marcha del espacio Bolonia, y con él los nuevos planes de estudio y la nueva delimitación de competencias crea una gran incertidumbre en lo relativo al trabajo que tendremos que desempeñar los que ahora estamos entrando en la universidad. De otro, la falta de eficiencia de nuestros políticos nos sigue colocando en una difícil situación.
Aunque parezca increíble, solo una comunidad autónoma (Andalucía) tiene en funcionamiento una ley del medicamento que regule las competencias profesionales de la enfermería. Por el contrario la única ley estatal que regula la situación, la de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios, sigue atascada en el parlamento, en este momento gracias a la capacidad de bloqueo de los senadores del PP. En el fondo la intención de los populares de meter en el saco de esta ley la modificación de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, en un sentido que beneficia, ir a saber porque, a los fisioterapeutas. Y o van las dos o no va ninguna.
En medio de esa parálisis legislativa, gracias a nuestros padres de la patria, el consejo general de enfermería ha denunciado la situación de indefensión jurídica de los enfermeros, que “prescriben fármacos y productos sanitarios cada vez que curan una herida y deciden darle un ibuprofeno a un paciente. También ponen las vacunas pediátricas sin indicación médica individualizada o asisten a trabajadores con algún problema de salud en los servicios de salud laboral de las grandes empresas, y todo sin el amparo de la legalidad. Ya que, en realidad, la normativa no lo permite", según ha explicado Rafael Lletget, asesor de ese consejo. Esta situación se extiende en la practica a muchas otras profesiones, en las que el intrusismo, que eso es lo que hacen los enfermeros, se esta convirtiendo en norma ante la falta de delimitaciones claras de competencias.
Hay una salida, que es la única que no solemos practicar los estudiantes. Muy distinto habría sido el famoso problema de los bachilleres que desde este año, cuando están en segundo de bachillerato, ya no pueden hacer psicología desde la opción de ciencias sociales, si estuviesen unidos y montasen un buen pollo. Pero como aquí cada uno va a lo suyo, pues …

domingo 8 de noviembre de 2009

Solidaridad en pelotas


Ese niño que nos mira en la foto es peruano. Esta desnudo, por mas mantas con que su madre le arrope. Desnudo de educación, de alimento, hasta de esperanza. Tan desnudo, que un grupo de mujeres de Cantabria han decidido desnudarse por él, para que su semblante cambie, y su futuro exista. Dieciséis mujeres valientes que han decidido mostrar su cuerpo para adornar un calendario con el que conseguir dinero para él. Hasta aquí todo normal, son mujeres, quizá en hombres resultase más sorprendente un gesto de entrega, pero entre madres, que eso somos las mujeres, no. Normal, pues son maestras. Su vida esta voluntariamente dedicada a los demás, en este caso educando, que no se me ocurre un oficio más noble. Tan ingente y destacado que yo nunca estaré a la altura de desempeñarlo. Si, es sana envidia.
Son maestras y mujeres de Cabezón de la Sal, Torrelavega, Puente San Miguel, Puentenansa, Serna de Iguña, Rubayo, Santillana del Mar y Treceño que conocieron hace meses de la existencia del proyecto que ellas han bautizado como 'Proyecto Machupicchu', y que pretende obtener fondos para conseguir que niños y niñas peruanos estén alimentados, cubiertas sus necesidades básicas, y garantizado, económicamente, que puedan concluir sus estudios de secundaria, e incluso acceder a la universidad. Porque no debería ser así, pero el futuro de un niño lo determina el dinero. El enlace, las encargadas de que ese dinero llegue a buen fin, y quien a él añade cariño son las Hermanas Carmelitas Misioneras en Quellouno (Perú), que están intentado alcanzar todos esos objetivos en su casa de acogida.
Es la decisión de un grupo de mujeres, dirigidas por Aurora Vallejo de luchar por evitar que la vida de un grupo de niños y niñas se apague al nacer, y se vean relegados al misero trabajo del campo.
El calendario resultante, en el que cada mes se refleja un derecho, un desnudo y una foto de la realidad de aquellos niños, se venderá en cafeterías y tiendas desde Cabezón hasta Torrelavega por ocho euros, y esta realizado por el fotógrafo de Cabezón Javier Rosendo que ha aportado desinteresadamente la parte técnica. Y hasta aquí, también normal. Que amar a los demás no debería ser tan raro.
Es cierto que la idea no es nueva, más bien es algo repetitiva, y cada navidad ya nos hemos acostumbrado a ver el palmito en variopintos calendarios a famosos de la televisión, bomberos, policías, leñadores y hasta falleras. Nos hemos acostumbrado tanto a verlos, como a niños muertos de hambre, llenos de mierda y escarbando basura. Y tanto una cosa como otra ya nos resulta empalagosa. Y aquí viene lo que ya no es normal.
Las críticas públicas contra la idea han sido en casos ridículas y en otras ofensivas, pero no contra ellas, sino contra las que las manifiestan y contra quienes las hemos leído, que hay actitudes que dan vergüenza ajena.
Quizá una sosegada meditación de este paso debería haber llevado a estas educadoras a ver más allá de su decisión inmediata, las consecuencias de mostrarse desnudas públicamente. Tras la foto, el periódico y la propaganda llegará el volver a clase, y enfrentarse en el aula a sus alumnos y, aun peor, a sus madres. Cualquier incidente o discrepancia acabará raudo en un reproche sobre la moralidad y la ética de alguien que se exhibe en bolas y, por ende para algunos, carece de altura moral para exigir nada. Va a ser así, pero no por ellas, sino por todos, especialmente por los que hemos decidido, ante esos niños peruanos ir vestidos. El problema no es que ellas se desnuden, sino que los chicos, las chicas y los padres del alumnado sitúan como más escandaloso el pubis y las tetas de una profesora, que la disentería y la malaria de un niño, yo creo que eso es lo pornográfico. Como decía en la mañana del domingo el comentario de una lectora de un diario regional, podrían haber puesto cada una 500 euros, de su elevado sueldo funcionarial y así evitarse el sonrojo. Podrían, y la que lo dice también, y yo, y mi vecina. Y de eso se trata, de llamar nuestra atención para que lo pongamos, y para que tomemos conciencia de que si un niño muere de hambre, mientras en nuestras casas la comida ya no cabe en las bolsas de basura, algo resulta escandaloso, y no el vello púbico de una maestra, precisamente. ¿Que entre tanta solidaridad hay un algo de protagonismo, de hedonismo, de resalte?. Pues si, la verdad es que son protagonistas. Lo son del quehacer diario en sus aulas en las que quieren inculcar a sus crios valores, amores compromisos. Los son de actividades sociales como la 'fiesta de Prenochevieja' que pretenden hacer en diciembre en Puente, si es que alguien se digna en cederles un local, para llamar la atención y sacar dinero. Tan protagonistas como cuando este pasado invierno se dedicaban a ir por bares y tiendas vendiendo unos pequeños broches que ellas mismas hacían con la cara de un niño: Como cuando organizaron el mercadillo, como cuando montaron el bingo solidario, como cuando hicieron lotería, como cuando envían dinero y las monjas contestan que cuatro chicas han ido este año a la universidad.
Quizá el problema este en que ellas no se rinden, y nosotros si. Porque es cierto que nos hemos rendido con los peruanos y con los nuestros. Porque argumentar que su actitud es una provocación que les hará perder autoridad en las aulas y deteriorará su trabajo es una claudicación en toda regla, una actitud que revela que damos por hecho que los jóvenes solo somos capaces de ver lo obvio y colocar en primer plano solo lo morboso. Es convenir que solo somos capaces, como los adultos, de ver los gestos y la imagen, y no el fondo de las cosas, ni valorar el compromiso de los demás, ni hacer nuestros los valores que esconden.
Pero quizá lo que más me ha dolido han sido los comentarios sobre Javier Rosendo, un gran fotógrafo que este año, para el que no lo sepa, ha recibido el premio AMFA, un premio nacional de fotografía solidaria por su compromiso con los más débiles, gracias a una foto titulada “Brillo en los ojos”, fruto de un largo y comprometido trabajo en Zambia. Y si, en 2007 firmó las fotos del calendario “Química con erotismo”, en que alumnos de la facultad de ingeniería química de la UC posaban para obtener fondos para su viaje de estudios. Yo también se de mucha gente que en ese 2007 miro fotos de gente rebuscando en los contenedores de Eroski, de rumanas prostituidas a la fuerza en burdeles de carretera, de niños sin agua en las chabolas de Madrid, y de muchachos drogándose y trapicheando en solares vacíos de Santander y Torrelavega. Gente que miró, y no hizo más.
PD. No ilustro esta carta llena de mala leche con la imagen del susodicho calendario porque no me va el morbo. Y porque el que lo quiera ver que pague, que al menos esas monedas serviran para algo.

domingo 1 de noviembre de 2009

Samhaim y Deathbook


No se muy bien si la necesidad agudiza el ingenio, o si más bien la opulencia fomenta la estupidez. Este fin de semana, un año más, algunos miles de familias españolas deambularan por los cementerios españoles entre la costumbre, las preguntas sin respuesta y el ocio gótico. En un mundo sostenido a veces por los efectos especiales, y otras por la virtualidad de lo ficticio, no es ocioso cada uno de noviembre reencontrarnos con nuestro destino y nuestro origen. Por que cada tumba que jalona las calles de nuestros cementerios nos recuerda vivamente a quienes plagados, como nosotros de sueños, yacen en el anonimato de la historia. Quienes con su esfuerzo construyeron el camino que pisamos, haciéndonos sus deudos. Quienes desde su impavidez nos adelantan nuestro destino final, rebajándonos los humos y permitiéndonos recuperar la conciencia de nuestras limitaciones y exigibles humildades.
Sin embargo, poco escapa a la banalidad de nuestras actuales vidas. Muy poco. La fiesta de difuntos, el acto de gracias a quien nos abrió a la vida y el reencuentro con nuestras raíces se ha convertido, como tantas cosas en un mercadillo hortera.
Lo de mercadillo esta claro. Buñuelos, huesos de santo, flores y puentes de tres días han desembarcado en nuestras vidas, ya hace mucho, pero cada vez más al olor del dinero. Tal es la fruición por sangrar nuestros bolsillos, que cuando en nuestra cultura ya no caben más pretextos, los importamos.
Curioso resulta comprobar estos días como algunos de nuestros convecinos luchan por mantener vivas nuestras tradiciones, como las magostas cantabras o la fiesta del Samhain pontevedresa. Nuestros antepasados celebraban el fin de año en estas fechas, empezando el año nuevo en el solsticio. A tal fin, las gentes de estas tierras, daban gracias a los dioses, recordaban a sus muertos, invocando sus almas, para no desligarse de su origen, como el que asido a una cuerda no quiere caer al vacío, decorando calabazas, plantando hogueras para espantar los malos espíritus y compartiendo yantares. Visto como cosa aldeana y de pueblo, el rito decayó, pagano como era además a los ojos de la iglesia. Solo en la profunda Irlanda se guareció en los últimos siglos. Después los emigrantes irlandeses lo llevaron a Estados Unidos, y ahora regresa a nuestras vidas, simplificado y envuelto en billetes, como una fiesta gótica y alejada de su concepto, Halloween.
Unos pocos románticos gallegos, pelean desde hace años para inculcar en sus niños el alma, que no el dinero de esta tradición relacionada con el poder de la muerte y la Santa Compaña. Al pairo del invento, colegios y asociaciones de vecinos recuperan el idioma, realizan manualidades que hablan de la naturaleza (A noite dos calacús) y promueven sus danzas y sus cánticos, su forma de entender el mundo y transmitirlo, a fin de cuentas. Metidos en esta lucha, como estamos por rescatar nuestra cultura y sembrar entre los chicos la profundidad de las cosas, por encima de los gestos y las fiestas de usar y tirar, una nueva amenaza se cierne sobre la cultura, sobre nuestros difuntos y sobre la necesidad de dar sentido a las cosas, por encima del aborregamiento rampante, Deathbook.
No se quien, ni me interesa, ha tenido la idea de crear una red social para difuntos. Y es que el negocio debe continuar. Las redes sociales se nutren de efectos piramidales de contactos que proveen a las empresa de perfiles que se venden a las compañías, y de cadenas publicitarias que alimentan los negocios en boga. La muerte de un usuario rompe las cadenas y pone en cuestión el negocio acabando con muchas relaciones virtuales. Ahí nace un nuevo filón, curiosamente, en el argot empresarial, un nuevo nicho de negocio.
La idea es simple, ya la contaba el cine en una de las últimas obras de Hillary Swank, “Posdata: te quiero”.
Las nuevas redes permiten ahora que cualquier usuario pueda guardar en servidores un verdadero testamento virtual. Documentos, cartas para la pareja y los compañeros, videos, testimonios, archivos de voz, link, contraseñas, datos financieros o claves de un pasado desconocido. Una vez creado tamaño archivo, el usuario debe elegir un albacea virtual, encargado de poner en marcha el invento. Tras el óbito, y cual caja de Pandora, la web comenzara el reparto de todo ese material. Con el autor ya muerto, y lejos de todo peligro para su vida o su fortuna, sus allegados, enemigos o victimas irán recibiendo el encargo. Una felicitación de cumpleaños pos mortem, un te quiero nunca pronunciado, un detalle inconfesable, un secreto de esos que hunden vidas o un me cago en tu madre y ahora te vas a enterar que voy a decir a los cuatro vientos, lo que no me atreví en vida. Genial.
Hasta ahora todo el mundo hablaba bien de los difuntos, y hasta les llevaba flores. Ahora la muerte puede ser el inicio. El inicio de una agobiante declaración de cariño desde ultra tumba, o el inicio de una pesadilla en forma de email que pregone a los cuatro vientos lo que una tapa de pino debería haber ocultado.
Las venganzas son tan amenazantes, en este ataque viral indiscriminado que, y aquí sigue el negocio, han surgido nuevas plataformas para evitar esta guerra. Es el caso de Reputation Defender, una empresa que se encarga de proteger el buen nombre de compañías o personas, y que ahora ve, es un decir, el enemigo, más allá de la vida.
No hay forma de saber cuantas difamaciones, insultos o secretos incómodos se esconden en estos portales, cuantas amenazas o mentiras latentes se esconden en estos lugares. Ni siquiera cuantas muertos que nunca existieron, algo habitual en Internet, las personas inventadas. Y es que las claves personales están encriptadas, como las de los bancos, de forma que es imposible entrar o desconectar estas bombas de relojería. Pero lo que si sabemos es que esta nueva forma de negocio gótico florece, tanto que las propias compañías se niegan a dar datos de lo que parece ser un filón (desde 9,95 dólares por cada 20 megabytes de espacio, 29,95 por un gigabyte, 30 dólares anuales de mantenimiento).
Estábamos ya acostumbrados a que los difuntos perpetuaran su memoria en forma de pinturas, libros, imágenes o ex votos, pero no que nos manden tales reliquias a casa, o a nuestro enterrador. Deberíamos crecer viendo en nuestros muertos la huella de la vida, honrándoles, u olvidándoles. Ahora debemos cambiar de mentalidad. Debemos temerles, o hacer de ellos nuestro negocio. Creo que se llama reciclaje

domingo 25 de octubre de 2009

Al acabar el dia


Habrá pocos que no conozcan a Maite. Alegre, abierta, sonriente, con su pelo ensortijado siempre preso de un coletero naranja, que su hija le regalo el día de la madre. Trabaja en el DIA del barrio, o más bien vive en él, atendiendo al número de horas que consume en aquel lugar. Sin ventanas, entre cajas, estanterías e historias de gentes sencillas, Maite mueve toda su humanidad, que no es pequeña, con la ligereza que le concede su sentido generoso de la vida. El negocio y la calle han determinado la naturaleza de los visitantes de Maite. Una pléyade de jubilados y emigrantes que acuden a la tentación de precios bajos, caras amables y un oído atento a las desdichas. Cuando no es que a Consuelo, la viuda de Nano, se la olvida el paraguas o la compra, es a que a Yaia no le alcanza el euro del pan, o que Dina se alberga en la entrada, porque en su casa aun no hay nadie, o que algún hombre de olor a cuero pretende salir como los niños, con un pan debajo del brazo, aun sin pasar por caja. Pero Maite siempre sabe lidiar con todo, siempre tendrá lista una mirada de complicidad, siempre sabrá mantener las reglas, pero nunca con mirada osca, ni con gesto violento, por torcidas que vengan las cosas. Saben las viejas que si la vista no alcanza, Maite echara mano al bolso, para contarlas las perras, y nunca llevará nada entre los dedos. Y si tienes cara de hambre, nadie sabrá que has intentado tomar lo que no es tuyo, que la dignidad es sagrada. Y si deambulas por la panadería, ella misma se ofrecerá a hornearte aquello que falta. Es nuestro pequeño ángel, como tantos que perdidos en cada barrio han hecho de su profesión honrada una manera de cambiar la amargura del día a quienes todo se empecina en hacerles gris la existencia. Pero ayer su gesto era distinto. Todo olía a despedida. Quien aquí no vive, aunque sea el amo, ese que las paga poco y cobra en sacos, ha decidido que si perder dinero en una empresa es malo, no ganar suficiente es aun peor. Las cosas pintan mal, el pequeño super no produce tanto como antes, así que toca ahorrar, en este caso en vidas. Entre cajas de leche y embalajes de sal, las cuatro mujeres del DIA, mascullaban el sábado su desdicha. Una a la calle, dos más a media jornada, que en todo caso, será más que una entera, menos a la hora de cobrar. Maite se revelaba, por primera vez la vi perder la fe. “ Tu eres la encargada, es lógico que te salves, pero que hacemos nosotras”, le decía Maite a Lydia, la “jefa” de aquel pelotón de desheredadas. Y es que Carla y Sandra, las discretas reponedoras del grupo llevan una mala racha. Carla vive sola con su hija, un regalo del cielo, y del cabrón de un novio que, gracias a Dios, ya nadie sabe donde esta. El marido de Sandra esta en el paro. Una obra llena de “seguridades” le arrojo de un andamio, y le dejo en el suelo los hombros. Ya esta bien, pero demasiado tarde para encontrar sitio en un tajo moribundo en todas partes. La gente sigue entrando en aquel comercio que ellas han convertido en su vida. La gente deambula entre estantes como otro día cualquiera, buscando en ellas la frase tonta de cada mañana y la mirada útil que las hace importantes para alguien, mientras ellas se agazapan entre botellas, para que nadie escudriñe en sus mejillas humedecidas. Hubiera preferido no oírlo. No hubiera eso solucionado nada, pero al menos ...
Seguro que el lunes, al acabar el día, un hombre bien arreglado, de esos que saben sacar petróleo de cada palabra, le contará a Maite que su trabajo no vale nada, y que su dedicación ha sido estéril. Que esos días en que acabo tarde y le regalo su tiempo, quitandosele del brazo de su familia, fueron a su cuenta. Le dirá que ese amor que repartió entre clientas, fue gratuito. Ese hombre, le dirá a esta mujer, que ella solo es un número, y que los de su amo, son más importantes. Nada que no oigan cada día muchos otros españoles.
Al acabar el día la dirá que se vaya, que los tiempos son malos, pero que su amo no quiere nada con ellos, así que la toca pagar a ella lo que han robado con indiscreta desenvoltura los ambiciosos de gomina y traje de alpaca.
Hoy, a diferencia de otras semanas no os traslado una pregunta, solo os muestro un retrato.

martes 20 de octubre de 2009

Terror en el hipermercado


Aun hoy, esa vieja canción de los Pegamoides, el primer grupo de Alaska, es una buena excusa para bailar, divertirse y pensar de soslayo, a poco que una se fije en la letra. Aun hoy ese tema pega con fuerza, y se hace vivo, especialmente cada viernes noche. Y es que en este país, cada viernes, al caer el sol y reinar la luna en el firmamento, los aurigas del terror presiden nuestros salones, extendiendo un gélido manto de oprobio, lujuria y silente hiel ante nuestras atormentadas mentes. En el gran hipermercado del corazón basura, dos pontífices máximos imponen su terror, Cantizano y Vázquez.
¿Que estoy exagerando?. Joder tíos, ¿vosotros no veis la tele?, claro, como me tenéis a mi para contarlo, vosotros pasáis, que bonito.
Bueno el caso es que las últimas semanas no han tenido desperdicio, pero me ha llegado al alma (bueno, y al culo) tres detalles dignos de la mejor película de George A. Romero (el de los zombies).
La veda la abrió DEC, programa que tuvo la feliz idea de invitar a Carmen, la mujer de José Campos, para, a mitad de la entrevista, hacer pasear por el plato a un Carlos Latre venido a menos, disfrazado de Franco en su época de jubilado. La tensión se cortaba con un cuchillo jamonero. Una Carmen indignada exigía al actor identificarse, mientras este, ante el gesto adusto e iracundo de la nieta del dictador, insistía en que era Franco de verdad. La leche. Falto el canto de un euro para que se armara. El poco gusto del programa, que ofendió a la invitada, fue casi lo de menos, porque a estas alturas exigir buen gusto y educación a esta recua es tontería. Lo curioso es la facilidad que tenemos los españoles, no para reírnos de nosotros, sino para perder el tacto. Gracias a Dios, Franco esta muy bien donde esta, y dada la situación, ahorrémonos el nombrarle. Todavía hay muchas personas en este país preguntándose porque sus muertos siguen sin aparecer, porque no se restituye su honor y porque los signos de la opresión aun campean en nuestras calles, y a estos no se les ocurre otra cosa que sacar al angelito, en forma de abuelo Paco, todo candor.

Lo mejor vino al poco. Un Mariñas (el inefable periodista de antena 3) venido arriba tuvo la ocurrencia de decir en los prolegómenos del programa, que había tenido una aventura sexual con Rafael Amargo, el afamado bailarín, y que, a la postre, estaba entre bambalinas esperando a entrar para ser entrevistado. No salio, y casi mejor, al oír perplejo las declaraciones del periodista opto por irse, dejando al personal con un palmo de narices. Claro los periodistas encima arremetieron contra la falta de formalidad del bailaor.
Igual es mentira. No se. Si no lo es, pues estupendo, mejor gozar un rato que sufrir. Si lo es, tampoco se puede elevar la cuestión a la categoría de insulto, como algunos han hecho. Porque me parece que habíamos quedado en respetar todas las tendencias sexuales y eliminar el estigma de la homosexualidad. Pero no, aquí vamos mucho de boquilla. Todos somos muy abiertos y progresistas y defendemos los derechos hasta del escarabajo verde, pero cuando nos dicen que un tío, famoso además, se acuesta con gentes de su mismo sexo, nos partimos de risa de la mariconada y decimos eso de “no si ya le veía yo algo raro”. ¿Raro?. ¿Que tiene de raro ser libre y ejercitar las opciones vitales que elijamos?. Con todo, y si quedase alguien con sentido común en la tele, no estaría demás que ese alguien le explicase a Mariñas que un periodista no se debe convertir en protagonista, que los periodistas informan, no inventan, que no son actores, sino notarios, y que en España, y en muchos lugares del mundo, hay gentes que sufren, viven en la cuneta de la vida o mueren, por ser homosexuales, mientras otros, como él, explotan el lado más zafio, ridículo y grotesco de ese cliché, para sacar unos duros haciendo chascarrillos con el paquete de Cantizano o reduciendo a bufonada lo que solo es una opción legitima de amor entre seres humanos.

Pero lo bueno lo dejo para el final. Jorge Javier Vázquez, un monstruo televisivo, en el sentido estricto del término, nos ofreció esta semana un espectáculo inaudito. Su “sálvame” nos mostró esta semana lo mierda que es la justicia en España. Un personaje esperpéntico que se hace llamar brujo, confeso a medio país que ha sido contratado por una ex amante de Cristiano Ronaldo para hacer magia y conseguir que el astro del balón se lesione y no pueda jugar. No es cosa de meterse a discutir con el elemento, porque es tanto como admitir que eso es posible. Pero claro, estamos admitiendo ante miles de personas, que una persona puede desear el mal de otra, su daño y ruina, y poner los medios para conseguirlo, por muy ridículos que sean. Estamos admitiendo que hay gente que es capaz de ofrecer sus servicios para hacer daño a otros o, no se si es peor, decir que puede hacerlo, cuando no es así, con lo que al cobrar por ello esta estafando. Y dado que al final el muchacho se lesiono, estamos admitiendo que podemos ganar dinero jactándonos de joder al prójimo, y que este puede verse afectado y perjudicado, no sabemos si porque el vudu es efectivo, o por el canguelo que le ha entrado. No se que es más delictivo de todo eso. No se si es malo eso, o peor que no haga nadie nada. No se si lo uno, lo otro o la cotidianeidad de esas practicas, porque al día siguiente, y en el programa matinal de onda cero, Carlos Herrera pidió a los oyentes que opinaran. Y ante mi sorpresa llamaron cientos de personas que contaron como tienen acojonados al vecino, la cuñada o el panadero con cosas tan pintorescas como guardar una foto de sus victimas en un tuper en el congelador. Señores, esto no es España, es Sodoma y Gomorra.